La moral y el negocio, de siempre han sido dos conceptos que han tendido a repelerse.
En las últimas semanas, me he hecho eco de noticias que me hacen reflexionar.
A comienzo de los 90, el activista Ken Saro Wiwa alzó la voz de forma pacífica contra la petrolera Shell, por la destrucción de las tierras ogoni en el delta del Níger, debido a las perforaciones y exploraciones en busca de petróleo.
Shell, que apoyaba la dictadura militar de Sani Abacha con la aportación del 40% de la renta, esta siendo juzgada estos días por ser cómplice en la muerte de Ken Saro Wiwa. Ahorcado en 1995, después de un juicio militar de dudosas garantías.
Hace dos semanas Florentino Pérez en su discurso de investidura como Presidente del Real Madrid C.F. manifestó su intención de que el Club fuera “referencia social” en el mundo.
Entendí que Pepe, su jugador con dorsal 3, iba a ser expulsado de forma inmediata del Club por su actuación el pasado 21 de abril en el partido ante el Getafe, por patear con violencia y saña a un contrario. Todo esto ante millones de espectadores.
El Real Madrid C.F. entiende que ser “referencia social” es pagar por un individuo de carne y hueso 94 millones de euros.
Ayer desayuné con el caso del boliviano Franns Rilles, quién perdió su brazo en la amasadora de pan de la panificadora para la que trabajaba, de forma ilegal, 12 horas diarias por 23 €.
El empresario le abandonó a 200 metros del hospital donde ingresó. Eso sí, arrojando antes el brazo a un contenedor.
Hoy es sabido que la panificadora desactivó todos los dispositivos de seguridad para así aumentar la producción.
¿De verdad sabemos qué es moral?